¿Ayuda? para autónomos menores de 30 en Madrid

Hace unos meses recibía con alegría una noticia a través de la televisión: Los autónomos menores de 30 años de la comunidad de Madrid sólo deberían pagar un 50% de la cuota de autónomos. Todo ello dentro de un marco de medidas para incentivar la creación de empresas y el autoempleo.

Hasta aquí todo bien. Ahora me gustaría presentar la documentación que aquél que quiera beneficiarse de esta subvención:

He tardado varios días en conseguir esta información de diversas fuentes en las que he tenido que confiar para poder dar de alta la empresa legalmente en España (Principalmente una gestoría y una asesoría jurídica y fiscal). El total de horas que me ha llevado preparar este trámite es superior a las 8 horas (Una jornada laboral completa).

He contado el número de hojas que he tenido, por supuesto, que imprimir para llevarlas físicamente al registro porque desconozco otra alternativa viable en este momento. El número de hojas impresas es 30 con toda la documentación. Muchas de las hojas hay que entregarlas por duplicado.

He tenido que repetir hasta 5 veces mis datos personales para hacer un mismo trámite.

Hasta aquí son hechos. Y ahora viene una sola reflexión:

¿Seguro que estamos incentivando la creación de empresas en este país?

La buena vida.


Escribo estas líneas sentado en la terraza del restaurante Branka, en la playa de la Concha de San Sebastián. Un lugar de ensueño donde poder disfrutar de los 20 grados que nos regala un Noviembre singular en la costa del País Vasco observando cómo el mar golpea las rocas y se desliza hasta perderse en la arena de una Playa digna del paraíso.

 

Llevo en el País Vasco 5 días, moviéndome entre distintas universidades, hablando con más de 1000 jóvenes, recorriendo más de mil caminos… y siento que estos días he tenido lo que se podría decir como vivir una buena vida. Y para mí, esa es la vida dedicada a hacer algo con pasión, aunque en el camino se encuentren muchas dificultades. Es la vida de llegar a casa sin fuerzas ni para quitarte la ropa, de enfrentarte a problemas que parecen imposibles, de salirte de lo que se supone que es un trabajo normal… pero también es la vida de crear algo que no existe, de ilusionar a la gente con un proyecto que les haga soñar, que les haga moverse, que les haga plantearse de nuevo sus vidas.

 

Vivir de esta manera no te permite viajar a hoteles de 5 estrellas y viajar en Business, pero te permite sacar huecos que tú eliges para hacer aquello que para mí tiene realmente valor. Un paseo por la orilla de la ría de Bilbao, visitar el Guggenheim, tomar unos pintxos en buena compañía, correr por la playa de San Sebastian bajo un sol radiante, y perderte por todos aquellos sitios que te llamen la atención. Es un descubrir constante, una aventura cada mañana…es no saber dónde vas a ver la puesta de sol.

 

Pero, ante todo, tú eres dueño de esos momentos. Tú eres el que elige si es el momento de trabajar hasta desfallecer, o descansar como si el mundo ya estuviera arreglado. Eres quien elige lo que hacer, a dónde ir, con quién estar. Para mí es la sensación más cercana a ser libre.

 

Es cierto que la vida de alguien que crea un proyecto desde 0, con pocos medios y poco apoyo, no es un camino de rosas. Te enfrentas a lo desconocido, a las convenciones, a tus propios miedos… pero sentado en esta playa de Donosti, creo que estoy más cerca de lo que pensaba de vivir una vida plena. Me siento realmente feliz y agradecido. Y estas cosas merece la pena escribirlas.

España: ¿la juventud peor preparada de Europa?
España ostenta el dudoso honor de tener la tasa de paro juvenil más  alta de Europa. Las cifras de la Unión Europea son las siguientes, y  pueden verse en este mapa:
Por  resumir: A la cabeza de la lista está España con un 40% de paro en la  población menor de 25 años, seguidos por Letonia, Lituania y Suecia,  alrededor de un 30%, y muy por encima de otras potencias Europeas como  Alemania, Austria o República Checa, con tasas inferiores al 15%. Menos  de la mitad que en España.
La primera pregunta que se me plantea  es: ¿Es por preparación? es decir, ¿Acaso hemos formado mal a nuestros  alumnos? La respuesta fácil parece un sí, pero voy a permitirme recelar  de la primera intuición. En algunos de mis viajes por el mundo, he  tenido la oportunidad de visitar a estudiantes Erasmus, jóvenes  españoles en EEUU, algunos incluso ya trabajadores de empresas  extranjeras…y todos se sentían competitivos, e incluso les parecía más  fácil la formación en estos países que la formación española. Me decían  que aprobar fuera era mucho más sencillo.
Entonces hay algo que  no me cuadra: Si es más sencillo aprobar fuera, ¿Por qué somos menos  competitivos? Espera espera que aquí tiene que haber algo más. Puede que  por una vez los jóvenes españoles tengamos que dejar de echar la culpa  al profesor, y pensar si realmente estudiamos para aprobar, o estudiamos  para formarnos, y para aprender una profesión. Creo que a muchos se les  llena la boca con Dobles titulaciones, Másters mundiales, Carreras de  lo más estrambótico…pero no se plantean: ¿Qué es lo que me está  enseñando a hacer todo esto?
Por eso me parece que, cuando llega  el momento de coger al toro por los cuernos y demostrar en el mercado  laboral que somos una de las generaciones que más tiempo ha invertido en  su educación (y con menor eficiencia, añadiría yo) nos damos cuenta que  realmente no hemos aprendido a hacer nada. Ah sí, a aprobar exámenes.  Una pena que eso no es lo que busque el mercado en estos momentos…
Pero  me parece que la cuestión no acaba ahí, por desgracia. Mi impresión es  que esta generación de jóvenes españoles ha crecido en un mundo lleno de  derechos, y vacío de obligaciones. Nuestros padres se esforzaron tanto  para que tuviéramos las oportunidades que ellos no tuvieron que nos han  transmitido una sensación irreal de que la vida es fácil. Hemos crecido  en un mundo en el que nuestras decisiones no tienen consecuencias. Si se  me rompe un libro, me compran otro. Si pierdo la mochila, me compran  otra. Si no me gusta la comida, pues me pondrán otra. Las cosas son  fáciles, no cuestan esfuerzo. Por eso, ahora hay muchos que, teniendo  todas las oportunidades, lo que no quieren es aprovecharlas. No tienen  obligación. En casa se está muy a gusto. Y sobre todo, los jóvenes no  quieren ni oír hablar de la palabra esfuerzo.
Y esque el esfuerzo  es una cosa muy fea. Consiste en disfrutar un tiempo de una sensación  desagradable hasta que por fin obtienes una recompensa mayor.  Normalmente el esfuerzo está asociado a las cosas más importantes de la  vida: Tu familia (Si no costará esfuerzo formarla y mantenerla unida),  tu formación, tu trabajo. ¿Qué es lo que ocurre ahora? Que como nos  hemos acostumbrado sólo a sabores agradables (Sólo nos gusta lo redondo  de la chuleta, como dice un amigo mío), pues en cuanto algo no nos gusta  su primer sabor, lo dejamos. Por eso cada vez hay más familias  desestructuradas, por eso cada vez los jóvenes eligen una formación más  fácil, y por eso no quieren ni oír hablar de trabajar.
No  obstante, sí que creo que hay una generación de jóvenes españoles que  pueden revertir esta situación. Son aquellos jóvenes que sí han vivido  la cultura del esfuerzo, que saben lo difícil que es hacer algo bien,  pero bien de verdad y sin escurrir el bulto. Del liderazgo de estos  jóvenes en la sociedad depende la salida de la crisis en la que nos  encontramos inmersos. Porque si consiguen demostrar con su ejemplo que  el camino es otro, que hay cosas que merecen la pena, entonces no sólo  solucionaremos el problema de desempleo juvenil, sino que solucionaremos  el futuro del país.
Ahora, eso sí, se necesita mucho esfuerzo.

España: ¿la juventud peor preparada de Europa?

España ostenta el dudoso honor de tener la tasa de paro juvenil más alta de Europa. Las cifras de la Unión Europea son las siguientes, y pueden verse en este mapa:

Por resumir: A la cabeza de la lista está España con un 40% de paro en la población menor de 25 años, seguidos por Letonia, Lituania y Suecia, alrededor de un 30%, y muy por encima de otras potencias Europeas como Alemania, Austria o República Checa, con tasas inferiores al 15%. Menos de la mitad que en España.

La primera pregunta que se me plantea es: ¿Es por preparación? es decir, ¿Acaso hemos formado mal a nuestros alumnos? La respuesta fácil parece un sí, pero voy a permitirme recelar de la primera intuición. En algunos de mis viajes por el mundo, he tenido la oportunidad de visitar a estudiantes Erasmus, jóvenes españoles en EEUU, algunos incluso ya trabajadores de empresas extranjeras…y todos se sentían competitivos, e incluso les parecía más fácil la formación en estos países que la formación española. Me decían que aprobar fuera era mucho más sencillo.

Entonces hay algo que no me cuadra: Si es más sencillo aprobar fuera, ¿Por qué somos menos competitivos? Espera espera que aquí tiene que haber algo más. Puede que por una vez los jóvenes españoles tengamos que dejar de echar la culpa al profesor, y pensar si realmente estudiamos para aprobar, o estudiamos para formarnos, y para aprender una profesión. Creo que a muchos se les llena la boca con Dobles titulaciones, Másters mundiales, Carreras de lo más estrambótico…pero no se plantean: ¿Qué es lo que me está enseñando a hacer todo esto?

Por eso me parece que, cuando llega el momento de coger al toro por los cuernos y demostrar en el mercado laboral que somos una de las generaciones que más tiempo ha invertido en su educación (y con menor eficiencia, añadiría yo) nos damos cuenta que realmente no hemos aprendido a hacer nada. Ah sí, a aprobar exámenes. Una pena que eso no es lo que busque el mercado en estos momentos…

Pero me parece que la cuestión no acaba ahí, por desgracia. Mi impresión es que esta generación de jóvenes españoles ha crecido en un mundo lleno de derechos, y vacío de obligaciones. Nuestros padres se esforzaron tanto para que tuviéramos las oportunidades que ellos no tuvieron que nos han transmitido una sensación irreal de que la vida es fácil. Hemos crecido en un mundo en el que nuestras decisiones no tienen consecuencias. Si se me rompe un libro, me compran otro. Si pierdo la mochila, me compran otra. Si no me gusta la comida, pues me pondrán otra. Las cosas son fáciles, no cuestan esfuerzo. Por eso, ahora hay muchos que, teniendo todas las oportunidades, lo que no quieren es aprovecharlas. No tienen obligación. En casa se está muy a gusto. Y sobre todo, los jóvenes no quieren ni oír hablar de la palabra esfuerzo.

Y esque el esfuerzo es una cosa muy fea. Consiste en disfrutar un tiempo de una sensación desagradable hasta que por fin obtienes una recompensa mayor. Normalmente el esfuerzo está asociado a las cosas más importantes de la vida: Tu familia (Si no costará esfuerzo formarla y mantenerla unida), tu formación, tu trabajo. ¿Qué es lo que ocurre ahora? Que como nos hemos acostumbrado sólo a sabores agradables (Sólo nos gusta lo redondo de la chuleta, como dice un amigo mío), pues en cuanto algo no nos gusta su primer sabor, lo dejamos. Por eso cada vez hay más familias desestructuradas, por eso cada vez los jóvenes eligen una formación más fácil, y por eso no quieren ni oír hablar de trabajar.

No obstante, sí que creo que hay una generación de jóvenes españoles que pueden revertir esta situación. Son aquellos jóvenes que sí han vivido la cultura del esfuerzo, que saben lo difícil que es hacer algo bien, pero bien de verdad y sin escurrir el bulto. Del liderazgo de estos jóvenes en la sociedad depende la salida de la crisis en la que nos encontramos inmersos. Porque si consiguen demostrar con su ejemplo que el camino es otro, que hay cosas que merecen la pena, entonces no sólo solucionaremos el problema de desempleo juvenil, sino que solucionaremos el futuro del país.

Ahora, eso sí, se necesita mucho esfuerzo.