La buena vida.


Escribo estas líneas sentado en la terraza del restaurante Branka, en la playa de la Concha de San Sebastián. Un lugar de ensueño donde poder disfrutar de los 20 grados que nos regala un Noviembre singular en la costa del País Vasco observando cómo el mar golpea las rocas y se desliza hasta perderse en la arena de una Playa digna del paraíso.

 

Llevo en el País Vasco 5 días, moviéndome entre distintas universidades, hablando con más de 1000 jóvenes, recorriendo más de mil caminos… y siento que estos días he tenido lo que se podría decir como vivir una buena vida. Y para mí, esa es la vida dedicada a hacer algo con pasión, aunque en el camino se encuentren muchas dificultades. Es la vida de llegar a casa sin fuerzas ni para quitarte la ropa, de enfrentarte a problemas que parecen imposibles, de salirte de lo que se supone que es un trabajo normal… pero también es la vida de crear algo que no existe, de ilusionar a la gente con un proyecto que les haga soñar, que les haga moverse, que les haga plantearse de nuevo sus vidas.

 

Vivir de esta manera no te permite viajar a hoteles de 5 estrellas y viajar en Business, pero te permite sacar huecos que tú eliges para hacer aquello que para mí tiene realmente valor. Un paseo por la orilla de la ría de Bilbao, visitar el Guggenheim, tomar unos pintxos en buena compañía, correr por la playa de San Sebastian bajo un sol radiante, y perderte por todos aquellos sitios que te llamen la atención. Es un descubrir constante, una aventura cada mañana…es no saber dónde vas a ver la puesta de sol.

 

Pero, ante todo, tú eres dueño de esos momentos. Tú eres el que elige si es el momento de trabajar hasta desfallecer, o descansar como si el mundo ya estuviera arreglado. Eres quien elige lo que hacer, a dónde ir, con quién estar. Para mí es la sensación más cercana a ser libre.

 

Es cierto que la vida de alguien que crea un proyecto desde 0, con pocos medios y poco apoyo, no es un camino de rosas. Te enfrentas a lo desconocido, a las convenciones, a tus propios miedos… pero sentado en esta playa de Donosti, creo que estoy más cerca de lo que pensaba de vivir una vida plena. Me siento realmente feliz y agradecido. Y estas cosas merece la pena escribirlas.